Cuando los dirigentes gremiales ponen en riesgo a los trabajadores

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El cuidado y la preservación de la salud y la vida de los trabajadores se convirtió más que nunca antes en absoluta prioridad desde la irrupción de la pandemia de coronavirus en la Argentina y el inicio del aislamiento social, preventivo y obligatorio en marzo de 2020.

Esa realidad, que trastocó en el país y en el mundo todas las actividades y los estilos de vida y de organización de la comunidad hasta entonces conocidos, es mucho más necesaria aún ante la irrupción de la variante Delta del virus. 

De allí que los gremios demandaron y lucharon en su momento por el establecimiento de protocolos, su cumplimiento y estricto respeto y las necesarias burbujas sanitarias, en especial en aquellas actividades esenciales que constituyen un absoluto riesgo. 

Decenas de organizaciones sindicales llegaron incluso a declarar medidas de fuerza en demanda del acatamiento de esos protocolos y la inclusión de la totalidad de los trabajadores de cada actividad en el plan estratégico de vacunación contra la Covid-19.

La protección de los trabajadores contra los riesgos de contagio y muerte es una  responsabilidad mayúscula de todos los sectores de la dirigencia nacional que procuren o sientan que ejercen su representación de manera digna, cabal y a conciencia. 

La ruptura de los protocolos sanitarios solo provocará más contagios, fallecimientos y dolor, en un contexto de profundización de la expansión del virus y sus variantes. 

A partir de esa realidad, reconocida por casi todas las expresiones de la vida nacional, es incomprensible que algunos representantes del Sindicato de Conductores Navales (Siconara) recorran los puertos pesqueros para de manera supuesta informar a los afiliados temas relacionados con lo gremial y la obra social, aunque quebrando esos protocolos, determinados para la prevención de la Covid-19.

El secretario gremial Angel Raimundi; el de la seccional marplatanse del gremio, Daniel Flores, y el coordinador de Políticas Pesqueras, Jorge Maldonado, no dudaron ni dudan en abordar buques pesqueros, entre ellos el B/P María Gracía -amarrado en el muelle Almirante Storni de Puerto Madryn y alistado para zarpar otra vez a zona de captura- en flagrante violación de los protocolos sanitarios para la actividad de a bordo. 

El protocolo preventivo de contagio de la Covid-19 para la flota pesquera indica que no está permitido que el buque sea abordado por personas ajenas a la tripulación o no  vinculados con las actividades de carga y descarga, como por ejemplo la estiba, a excepción de que existan razones de fuerza mayor, por lo que cada embarcación debe mantener su “burbuja sanitaria” para realizar la zafra pesquera sin contagios.

Sin embargo, esos dirigentes del Siconara no dudan en pasear por la cubierta de los buques, degustar bocadillos en los comedores y fotografiarse sonrientes, lo que atenta contra todo el sector pesquero, los trabajadores y sus familias, como ocurrió en el María Gracia, un buque tangonero, y en el contexto de la temporada de pesca de langostino.

Es llamativo y genera rechazo absoluto esa actitud de parte de dirigentes que deben ser los primeros en respetar y hacer respetar los protocolos determinados a partir del consenso alcanzado entre todos los sectores de la actividad ante la grave pandemia.

En especial, cuando el establecimiento de esos protocolos fue consecuencia de una extensa lucha por parte de todos los actores involucrados: Gobierno, empresas, dirigentes gremiales, sindicatos y trabajadores, quienes consensuaron y lograron que las tripulaciones pudiesen finalmente ser inmunizadas, lo que implicó de su parte un gran esfuerzo por permanecer aisladas en cada arribo a puerto para cuidar al conjunto.

En breve y, luego de la disposición del Ministerio de Trabajo de que en un plazo de 180 días a partir del 1 de agosto último gremios, federaciones y confederaciones deberán regularizar el proceso de renovación de autoridades -en su momento suspendido por la irrupción de la pandemia- el Siconara tendrá que someterse a comicios generales.

La dirigencia de ese gremio no duda en arriesgar la vida de sus propios afiliados y del resto de las tripulaciones con el oculto interés de hacer campaña parar su reelección, lo cual además de irresponsable a esta altura de la pandemia es totalmente bochornoso.

Una suma de ceros es cero siempre. Lo que caracteriza a las comunidades y a las organizaciones sanas y vigorosas es el grado de sus individualidades y el sentido con  que se disponen a engendrar en lo colectivo. Ello enseña La comunidad organizada…

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