Se agotó la paciencia, habrá paro y la CGT queda en difícil situación

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(Los rumores, malhumores, entredichos, negociaciones, diálogos, disputas internas y anhelos sectoriales, a veces truncados, finalmente vieron la luz hoy con la antorcha de la convocatoria a un “paro total” de actividades de los gremios industriales, estatales y de servicios confederados en la entidad madre CGT, pero opuestos a su jefatura, a la que acusan de “tibia” y de “no estar a la altura de las circunstancias”.

El plenario de delegaciones regionales de la central obrera, del Frente Sindical para el Modelo Nacional (Fresimona) de Sergio Palazzo, del mecánico Ricardo Pignanelli y del camionero Pablo Moyano; la Corriente Federal de Trabajadores (CFT) del bancario y las Centrales de los Trabajadores Argentinos (CTA) de Hugo Yasky y de Pablo Micheli de esa corriente Autónoma (CTAA) llamaron al paro el 30 de abril.

Ello ocurrió luego del mediodía de hoy en un masivo plenario sindical realizado en el Auditorio “Hugo del Carril” del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata), en la sede nacional de ese gremio, que rebalsó de dirigentes, trabajadores de los más variados sindicatos y de trabajadores y militantes.

No fue casual. Desde hace meses los espacios sindicales opuestos a la conducción cegetista, electa en el Congreso Normalizador del 22 de agosto de 2016 en el estadio Obras Sanitarias, mantenían diálogos inconclusos respecto de “la necesidad de hallar la mejor alternativa de lucha en rechazo de las brutales políticas económicas oficiales, la destrucción de la industria nacional y de los empleos”.

El 4 de abril último fue la última oportunidad de pelea que esos sectores -confederados en la CGT de Héctor Daer y Carlos Acuña e integrantes del padrón de gremios de la central obrera, aunque alejados de su conducción y de la adopción de sus decisiones-, le otorgaron a esa jefatura formal para rechazar aquellas políticas.

“No hubo organización, no hubo acto ni escenario. La preocupación solo fue que no se produjesen incidentes ni que robasen un nuevo atril. La gente, los trabajadores, el pueblo, se concentró pero no supo hacia dónde dirigirse. Una multitud terminó yéndose a la casa sin saber qué hacer”, realzaron numerosos dirigentes obreros.

La conducción de la CGT, luego del portazo del dirigente marítimo Juan Carlos Schmid el 29 de septiembre último -cuando abandonó el entonces ex triunvirato-, apeló a una marcha sin acto ni paro para resguardar “las formas”, en un intento por preservar la legalidad, evitar los incidentes y las acusaciones sobre el siempre supuesto carácter “destituyente” sindical y con la vista puesta en octubre próximo.

Hasta hace días, el paradigma de “paz” se asentó en el supuesto consenso hallado finalmente para la sanción del proyecto oficial de “blanqueo laboral”, de distribución de fondos de propiedad de las obras sociales, retenidos hace años -y solo cumplido por el gobierno a medias-, y de creación de la Agencia Tecnológica Médica.

El Ejecutivo modificó a última hora varios artículos de aquella iniciativa de “blanqueo laboral” -lo que enloqueció y dejó sin retorno a la CGT- y, sin casualidad y de forma inmediata, la más de veintena de gremios que integran la poderosa y estratégica Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) de Schmid convocó a un paro nacional de 24 horas para el feriado nacional del 1ª de Mayo.

No fue el único motivo. La CATT exige hace años “la reformulación del proyecto de aplicación del impuesto a las ganancias, en especial sobre viáticos, horas extras y feriados trabajados por el personal del transporte y un inmediato incremento salarial de emergencia para jubilados y pensionados”, además de “la preservación y no derogación de los llamados regímenes especiales o diferenciales jubilatorios”.

Todo un entuerto y un proyecto de vida y de país que no coincide con las políticas oficiales de ajuste, reducción del déficit fiscal y paritarias por debajo de la inflación.

La conducción de los gremios del transporte, representada por marítimos, portuarios y navales de Schmid, y los ferroviarios resumidos en la CATT en la figura de Omar Maturano (La Fraternidad), se hartaron y convocaron a la huelga nacional.

Pero el movimiento obrero es dinámico y nunca se agotan sus tiempos formales.

El plenario realizado hoy en el Smata y la convocatoria al paro nacional y a la continuidad del plan de lucha, al que se sumaron ambas CTA y los gremios de la Corriente Federal, en realidad significó un tiro por elevación a los jefes de la CGT.

Hoy, muy temprano, la dirigencia de esa Corriente Federal se reunió en la sede de la Federación Gráfica Bonaerense (FGB) de Héctor Amichetti -el sucesor del legendario Raymundo Ongaro-, en la Avenida Paseo Colón, y determinó la posición que finalmente expuso en el Auditorio “Hugo del Carril” del gremio mecánico.

Todos la conocían de forma previa. No llamó la atención. Pero esa postura se amalgamó con el histórico discurso de lucha de camioneros -hoy conducción del Fresimona con Palazzo y Pignanelli- y decenas de otras organizaciones sindicales y regionales de la CGT, además de los movimientos sociales, y plantó bandera.

La poderosa CATT de Schmid, es decir, los gremios del transporte, lanzaron el martes una huelga nacional para el 1ª de Mayo. Ya está siendo analizada y negociada con la fuerza sindical reunida hoy en el Smata para que la levante y se amalgame de forma conjunta en un frente único y en un paro total el 30 de abril.

Las internas sindicales, siempre poderosas, vivas y más estimulantes que cualquier ansiolítico, reposan apenas por un tiempo para que “suene el escarmiento” ante las políticas económicas “sin rumbo” y “un gobierno que solo destruye”, afirman.

De seguro regresarán luego de esa jornada de lucha. Pero es cierto que los diferentes espacios hicieron gala de una soberbia capacidad de síntesis e inteligencia para contener a piqueteros, Corriente Federal, Frente Sindical y dos de las tres CTA -la corriente gremial fundada por Víctor De Gennaro se partió definitivamente entre seguidores de Hugo Yasky y dos facciones de sus rivales, los autónomos Micheli y el estatal Hugo Godoy y el visitador médico Ricardo Peidro-.

Fue notoria la estrategia del movimiento obrero organizado utilizada durante toda la jornada de hoy para “despistar” y, al mismo tiempo, amalgamar decisiones.

El docente Yasky y el estatal Micheli hicieron hoy un plenario conjunto de delegados en la sede gremial de Piedras al 1.000 para definir “de forma conjunta y en unidad de acción” una huelga nacional, pero de forma previa visitaron la sede del Smata, saludaron, acordaron el plan de lucha y la fecha del paro nacional de esos gremios.

Corriente Federal -que entre otros integran bancarios, lecheros, molineros, televisión, docentes privados, pilotos de líneas aéreas, gráficos bonaerenses, empleados de farmacia-; Frente Sindical -con camioneros, mecánicos y decenas de otras organizaciones-; dos de las tres CTA -con mayoría de gremios estatales y docentes- y movimientos sociales, significa demasiado número en la calle.

La suerte está echada. Todos esos sectores, amalgamados, ofrecieron una última oportunidad a la conducción de la CGT para que convoque al orgánico Comité Central Confederal (CCC) a fin de analizar “la situación nacional, política y sindical y del movimiento obrero y la adopción de un plan de lucha continuado y coherente”.

Esa CGT, ya sin la participación del moyanista Schmid, hoy solo se integra con dirigentes de los sectores “gordos” e “independientes” y con “barrionuevistas”.

Tiene mandato hasta agosto de 2020. Esa conducción apuesta a cumplirlo. La oposición sindical -confederada en la central obrera- procura acelerar los tiempos de “la renovación”, entre otras cosas para dinamizar la participación del movimiento obrero en el peronismo, que acaba de otorgarle el área gremial del justicialismo.

Para viejos y nuevos dirigentes sindicales, esa renovación cegetista también apuntaría de forma definitiva a restaurar y reconstruir el brazo político del sindicalismo justicialista, las 62 Organizaciones Gremiales, hoy partidas en tres pedazos imposibles de contener y sin peso propio o real para dialogar o negociar.

El grueso del movimiento obrero, de forma independiente o más allá de favoritos o potenciales candidatos, sabe que de su unidad y fortaleza depende el futuro de la clase trabajadora y del PJ, triunfe o no el actual gobierno o cambie la historia.

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